Los inversores europeos y estadounidenses abandonaron las acciones y huyeron a los bonos a medida que las conversaciones comerciales cobraron mayor protagonismo, y se amplió el alcance de cualquier eventual acuerdo. Washington buscó nuevas restricciones sobre las compañías tecnológicas chinas, mientras que Pekín denunció las "prácticas equivocadas" de Estados Unidos. Parece que ninguna de las partes cederá terreno para reiniciar las conversaciones, y los inversores ahora están evaluando la posibilidad de un mayor obstáculo para el crecimiento mundial.

Los precios del petróleo crudo cayeron un 6%. El aumento de los inventarios y la caída de la actividad manufacturera en Estados Unidos exacerbaron las preocupaciones relacionadas con el comercio sobre la demanda mundial. El West Texas perforó con contundencia el soporte de los 60$ por barril, rompiendo una tendencia alcista de cinco meses. Estos factores técnicos son un indicio de posibles nuevas caídas en el corto plazo. La energía es un termómetro de la economía global, y la guerra comercial podría suponer un obstáculo al crecimiento.

Los inversores buscaron refugio. Los rendimientos globales de los bonos a diez años cayeron a sus niveles más bajos en más de un año. El oro acusó la reciente debilidad, y el yen japonés se fortaleció alrededor del 1%. Materias primas industriales como el paladio y el platino sufrieron preocupaciones por la demanda.

La libra británica continuó con su caída, tocando niveles justo por encima de los 1,26 frente al dólar, muy por debajo de los niveles cercanos a los 1,32 vistos hace apenas tres semanas. Los informes apuntan a que la Primera Ministro May se está preparando para renunciar a partir del 10 de junio. Algunos interpretaron la agitación política como una señal de que un Brexit duro es más probable.

En Europa, la noticia económica destacada fue la actualización del PMI de fabricación alemana. Una lectura por debajo de 50 puntos indica un crecimiento negativo, y el informe de mayo cayó a 44,4, el más bajo en más de seis años. El sector manufacturero alemán se encuentra en una contracción profunda y el precio de las acciones del banco más grande de Alemania, el Deutsche Bank, en un mínimo histórico, lo cual puede indicar que algo no está del todo bien en la economía dominante de Europa.

 

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