
Perspectivas 2026: El dólar, el yen y el cambio en la dinámica de los mercados
Como parte de nuestra serie de análisis sobre las perspectivas de los principales instrumentos financieros y mercados para el próximo ejercicio, nuestro analista de mercados, Michael Kramer, examina el panorama de divisas en 2026 y evalúa posibles escenarios derivados de la divergencia entre las sendas de política monetaria de los bancos centrales.
A medida que las políticas monetarias globales divergen, es probable que nos adentremos en un periodo de mayor volatilidad. El 2026 se perfila como un cambio de ciclo respecto a los años posteriores a la pandemia del COVID-19. Durante dicho periodo, los gobiernos aplicaron amplios programas de estímulo fiscal y los bancos centrales recortaron los tipos de interés, apoyados por programas agresivos de compra de activos. Si bien estas medidas contribuyeron a estabilizar las principales economías mundiales, también sentaron las bases para el repunte inflacionista observado en 2021 y 2022. Esto, a su vez, derivó en subidas rápidas de los tipos de interés, mayores rendimientos de la renta fija y un periodo prolongado de fortaleza del dólar estadounidense.
Al inicio de 2026, el escenario está cambiando. En lugar de moverse al unísono, las principales economías avanzan ahora en direcciones opuestas. Japón se mantiene firme en su senda de endurecimiento monetario. En la zona del euro, la mejora del crecimiento sugiere que el Banco Central Europeo podría pivotar de una fase de recortes de tipos hacia una fase de subidas. En el Reino Unido, el Banco de Inglaterra parece que se aproxima al final de su ciclo de flexibilización, a pesar de que el crecimiento económico sigue siendo débil y la inflación se ha mostrado persistente. De hecho, ya hemos observado los primeros signos de esta divergencia: en la última semana completa antes de la Navidad de 2025, asistimos a un mantenimiento de tipos por parte del BCE, un recorte por parte del BoE y una subida de tipos por el Banco de Japón.
¿Cuál será la magnitud de los recortes de la Reserva Federal en 2026?
Estados Unidos sigue siendo la principal fuente de incertidumbre. Gran parte del desenlace dependerá del futuro liderazgo de la Reserva Federal, dado que el actual presidente, Jerome Powell, tiene previsto dejar el cargo en mayo. No obstante, los mercados siguen descontando nuevos recortes de tipos en 2026 —probablemente dos o tres, con la posibilidad de hasta cuatro—. Una trayectoria de este tipo ejercería, en condiciones normales, una presión a la baja sobre el dólar.
Un dólar más débil podría favorecer a divisas como el euro, el yen y la libra esterlina, abaratando las importaciones en esas economías y contribuyendo a moderar la inflación. Simultáneamente, EE. UU. podría enfrentar presiones desinflacionistas, especialmente ante la continua caída de los precios de la energía.
Los indicadores de mercado respaldan esta tesis. Parámetros como los swaps de inflación a dos años en EE. UU. han descendido bruscamente, lo que apunta a un enfriamiento de las expectativas de inflación. Los mercados de divisas están descontando cada vez más una apreciación de las monedas europea y japonesa frente al dólar, junto con un aumento de la pendiente de la curva de rendimientos estadounidense, ante la previsión de una política monetaria más acomodaticia por parte de la Fed.
Curvas de tipos y volatilidad del mercado
Si los tipos de interés a corto plazo en EE. UU. descienden mientras los rendimientos de los bonos del Tesoro a largo plazo permanecen estables, los tipos reales podrían aumentar. Esto supondría un endurecimiento de las condiciones financieras y representaría un obstáculo para los activos de mayor riesgo, como la renta variable.
Un aumento más pronunciado de la pendiente de la curva de rendimientos en EE. UU. —donde los tipos a largo plazo se sitúan significativamente por encima de los de corto plazo— resultaría especialmente relevante. Históricamente, cuando la curva de tipos abandona su posición invertida para retornar a niveles normalizados, suele coincidir con periodos de tensión en los mercados o incrementos súbitos de la volatilidad. No hay razones de peso para asumir que este patrón no se repetirá, especialmente si dicho aumento de la pendiente refleja expectativas de un crecimiento más débil y una caída de la inflación.
Como mínimo, estas dinámicas apuntan a un entorno de mercado más inestable y volátil para 2026.
El yen podría ser la divisa destacada de 2026
En este contexto, el yen japonés podría estar bien posicionado para fortalecerse, especialmente si el Banco de Japón continúa elevando los tipos de interés durante el año. El diferencial de tipos entre EE. UU. y Japón ya se ha estrechado, debilitando uno de los factores clave que han mantenido al yen en niveles bajos en años recientes.
Los mercados de divisas a plazo (forwards) también sugieren margen para nuevas ganancias. Los indicadores técnicos señalan que el yen podría recuperarse gradualmente al principio, para fortalecerse de forma más decidida posteriormente. Un movimiento hacia los 142 yenes por dólar resulta plausible si el impulso se consolida.
Existe, además, una brecha notable entre la cotización actual del yen y el nivel que sugerirían los diferenciales de tipos de interés. Este desajuste podría comenzar a corregirse en 2026.
USD/JPY en gráfico diario, extraído de TradingView a 18/12/25

¿Tiene el oro algo más que demostrar?
La reciente fortaleza del oro muestra una menor coherencia con este escenario. Ante un eventual endurecimiento de las condiciones financieras y un descenso continuado de las expectativas de inflación en EE. UU., los argumentos a favor de una apreciación del metal precioso pierden solidez.
El oro se considera habitualmente una protección contra la inflación o la depreciación de las divisas. Sin embargo, el descenso de las expectativas de inflación cuestiona esta narrativa. Esto plantea la posibilidad de que el repunte del oro obedezca a otros factores, o que los precios se hayan visto impulsados por el posicionamiento de los inversores más que por los fundamentos económicos.
Un dólar más débil puede sostener al oro, pero normalmente también elevaría el precio del petróleo, algo que no ha sucedido; de hecho, el crudo cotiza actualmente en sus niveles más bajos desde 2021. Si los temores inflacionistas no son el motor principal, el oro podría necesitar una nueva justificación para mantener sus ganancias recientes a medida que avance 2026.
Un año más complejo para los activos de riesgo
Predecir el ejercicio entrante nunca es una tarea sencilla, especialmente en un mundo marcado por cambios en las políticas económicas e incertidumbre geopolítica. Lo que parece evidente es que el entorno de mercado en 2026 será probablemente muy distinto al de 2025.
Desde una perspectiva histórica, el fortalecimiento del yen ha estado vinculado a menudo con un comportamiento más cauteloso de los inversores y con el desmantelamiento de las operacionesde carry trade en yenes. Al combinarse con una curva de tipos con mayor pendiente, el descenso de las expectativas de inflación y unos tipos de interés reales más elevados, el escenario resultante es un trasfondo más exigente para los activos de riesgo y una mayor probabilidad de volatilidad en los mercados durante el próximo año.

S&P 500 en máximos antes del NFP: confianza plena en el equilibrio “low-hire, low-fire”
El viernes a las 14:30 h se publica el informe laboral de EEUU. El S&P 500 está confiado y está pegado a máximos históricos con volatilidades muy bajas. Se espera un dato que afiance el actual equilibrio “low-hire, low fire”. Una sorpresa negativa pillaría al mercado a contrapié.

